Estamos en la era de la digitalización, de los viajes espaciales, de la movilidad, del big data; el mundo en un pequeño dispositivo móvil. Pero increíblemente seguimos sin datos certeros de lo que pasa en el sector inmobiliario.

Oímos a colegios de notarios, registradores, arquitectos, gobiernos,  asociaciones, tasadoras, consultoras y otros tantos agentes relacionados con este sector. Todos ellos nos dan datos de viviendas iniciadas, de variaciones en la contratación de hipotecas, de transacciones realizadas, de ventas de cemento…

Miles de datos desorganizados que ninguno de ellos nos ofrece una imagen clara de la realidad. Sinceramente yo sigo sin saber si las viviendas que hay en venta son setecientas mil o dos millones, dónde y de qué tipo son, ni tampoco las que hay alquiladas oficial y no tan oficialmente.

Es cierto que éste, es un negocio muy atomizado y en el que participan muchos agentes que, desgraciadamente, siguen la sana política española del separatismo y alejamiento en vez del entendimiento en pro de un objetivo común. Pero también es cierto que este sector ha sido y sigue siendo el motor fundamental de este país. Por ello es obligado que todos los que actuamos en el sector nos juntemos en la misma mesa para compartir los datos que tenemos y podamos extraer conclusiones unificadas de ellos.

Si me abstraigo de mi nacionalidad y pienso en un escenario de colaboración, puedo llegar a imaginar una utopía que consistiría en sentar a todas las Administraciones, organismos, asociaciones y agentes implicados (Banco de España; CNMV; Asociación de promotoras y constructoras (APCE); Colegio de notarios; Colegio de arquitectos; Registro de la propiedad y catastro; Compañías suministradoras (electricidad, agua, gas); Proveedores de sistemas informáticos tanto de gestión como de comercialización (Idealista, Fotocasa, Prinex, etc.)

Si todo esto lo metemos en un recipiente y lo estudia un externo (y me refiero con ello a un buen departamento de estadística sin intereses en el tema), lo mismo acabamos enterándonos que: no hay tantas viviendas en venta como se dice, el sector no está tan muerto como parece, algunos actores llegan a tener unos ritmos de venta asombrosos, y que mientras algunos inmuebles bajan de precio otros están empezando a subir.

Disponer de esos datos supondría poder tomar las decisiones correctas, ser transparentes ante el capital que quiere venir y desconfía, dejar de mover este país por sensaciones, y colaborar en la salida de esta crisis cuyo tamaño desconozco porque no tengo datos reales para evaluarla.

Una vez despertado de mi sueño, sigamos elucubrando si hemos tocado suelo y si mañana los extranjeros nos compran el país. Eso sí se nos da bien.

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